02 noviembre 2013

Halloween 2013






FELIZ HALLOWEEN, FELIZ AÑO NUEVO.
Por una vez en el año, muchas niñas, jovencitas y adultas, portan orgullosas el disfraz de bruja. Sus sonrisas al estar ataviadas así, revelan que se han salido con la suya y que aceptan de buen agrado el ser llamadas "Brujas".
Esta fecha especial, en donde se adelgaza el velo entre esta dimensión y las otras, ellas recuerdan que son poderosas, sanadoras, increíblemente sabias... son mujeres con escoba, con gorro, gasas y con vida divertida y de colores.
En algún momento, honramos a la mujer con el cabello plateado como la Luna, con arrugas llenas de experiencia, honramos al caldero, a la escoba y a la Magia.
Por esta noche, su memoria ancestral, les toca las neuronas y la piel... para que estén festivas y que recuerden que un año más se terminó, que esta noche convivimos con los que están aquí y en el más allá... y a partir de mañana, habrá que girar la rueda de la vida, con sus ires y venires, con movimientos acompasados para darle vuelta a un ciclo más.
A ellas, a las que por hoy sueñan con ser Brujas, las abrazamos con cariño en esta noche especial.
A ellos que hacen de esta noche una ocasión de magia, nuestra hermandad y corazón.
A quienes tomamos el camino de la magia como nuestro estilo de vida y que todos los días somos Bruj@s: les deseo que tengan un año lleno de experiencias, bendiciones, alegrías, sabiduría y amor.

Feliz encuentro, feliz partida...

*** Alda ***

Celebrando el Día de Muertos

Parecernos a la muerte, para calmarla, para retardarla, para congraciarnos con ella.
La celebramos como ningún otro país en el mundo, la reverenciamos como lo hacían nuestros ancestros hace cuatro mil años.
Una fiesta del mexicano, quizá la última fiesta que queda en la cual aceptamos nuestro pasado, nuestra riqueza cultural y el orgullo de pertenecer a esta tierra.
Es la ocasión para reverenciar al amaranto, al zempaxóchitl, al maíz, al frijol y a la imagen de Miktlantehkutli... no nos sentimos patriotas, nos sentimos mexicanos.
Festejamos a la muerte con colores que no están muertos, que son vivos, chillantes, alegres. En medio de pétalos de flores, veladoras, dulce de calabaza y de camote, la sal, las fotografías y la bebida. No falta la canción de La llorona, ni el amigo que cuenta historias que nos ponen los pelos de punta.
Explotamos en alegría, nos reímos con a muerte, nos burlamos de nuestros defectos, nos carcajeamos con nuestra imagen grotesca. Y nos esmeramos para que "ellos" tengan una fiesta llena de recuerdos y manjares.
Nos comemos a la muerte con sabores de amaranto y chocolate, con huesos espolvoreados de azúcar, nos comemos entre aromas de azahar, gustosos nos volvemos calaveras y nos ofrecemos con la comida como en un sacrificio.
En nuestro código genético, está esa programación ancestral que nos llama a reverenciar a la vida y a la muerte, para compartir por unas horas con los que ya partieron al Mictlán, para congraciarnos con ellos, reírnos con ellos y para alivianar un poco los rencores, sinsabores y cargos de conciencia.
Nuestras esperanzas como pueblo necesitan una fiesta, un motivo para continuar, para tener certeza.
Con una dosis de esperanza de que en el momento del encuentro, tengamos al menos un gesto de simpatía trabajada desde los ancestros.
Asemejarnos a la muerte, reírnos con y de ella. Para quitar penas, olvidar desaires, recordar nuestra efímera existencia.
Estar bien con ella: la que nos unifica, la que muestra nuestra desnudez y crudeza humana, para quien no hay ni buenos, ni malos, ni pobreza o riqueza. La que nos acoge a todos... solo de ella y del nacimiento tenemos la certeza.
Tener similitudes, para que llegue elegante, suave y alegre cuando se haga suyo nuestro último suspiro terrenal.
Porque la misma dadora de vida es la misma dadora de muerte, entonces ¿para qué temerle?, si desde el principio somos huesos y al final es lo único que en la Tierra se quedará.
El Día de Muertos, nos desgarra la memoria, las raíces, la realidad... nos hace festejar a la muerte y a la vida, recorremos el velo, y caminamos gustosos entre cráneos y esqueletos, nos familiarizamos con las imágenes de cementerio, nos confundimos entre los mismos muertos.
Octavio Paz escribió sobre nuestra relación con la muerte: "El mexicano... la frecuenta, la burla, la acaricia, duerme con ella, la festeja, es uno de sus juguetes favoritos y su amor más permanente".
La fuerza de los pueblos se encuentra en su legado, como recordaremos en la película Avatar, con el árbol de las almas, o en las zonas arqueológicas... es por eso que en las guerras uno de los primeros objetivos a destruir son los cementerios, esto se hace para quitarle poder y fuerza a una localidad... y México tiene fuerza, riqueza, magia y por una vez al año le rendimos reverencia.
Parecernos a la muerte, una vez de vez en cuando recordando que al final, aquí solo se queda el cascarón... porque somos tan fugaces como el pétalo de una flor.

*** Alda ***
Las imágenes son de la muestra de Ofrendas y Altares 2013 en el Zócalo de la Ciudad de México.


22 octubre 2013

Los Aromas en la Ofrenda para los Muertos




En los próximos días estaremos hablando de los festejos de el Día de Muertos y de Halloween.
Hay varios elementos que debemos tomar en cuenta, puesto que cada uno de ellos tiene una razón de ser y un significado mágico.
Hoy toca el turno a los aromas y su importancia en la ofrenda (Tlalmanalli) para los muertos.
El recuerdo que asocio de mi niñez con el Día de Muertos, es precisamente el olor del humo del copal y la mirra... se pone un mercado exclusivo para estos festejos y me gustaba pasar por ahí varias veces al día con tal de percibir tan deliciosos aromas. Creo que desde entonces mi camino en el mundo de la magia ya estaba presente.
En su forma más tradicional se incluyen diversos elementos aromáticos que simbolizan la purificación del alma, así como diversas especies de hierbas de olor, las cuales también representan los frutos de la tierra. Su origen simbólico se concentra en el aroma embelesante, capaz de guiar o atraer a los difuntos a su ofrenda.
Diversas versiones del altar u ofrenda tradicional incluyen la infusión de hierbas de olor como el laurel, tomillo, mejorana, romero y manzanilla, que se ponen a hervir en una olla tapada por una penca de nopal perforada. La infusión de estas hierbas producirá un olor atractivo que se colará a través de las perforaciones del nopal y guiará a las almas a la tierra.
La resina del copal es un elemento frecuente en la representación de altares de muertos por su capacidad natural de producir un aroma distintivo. Tiene diferentes significados en las diversas regiones y culturas de América, solía utilizarse en rituales de atracción de la lluvia y ceremonias de purificación del alma de los vivos, de ahí su relación en la utilización en el día de muertos.
El incienso es un elemento menos frecuente en los altares por ser de origen oriental, aunque también se le atribuye la propiedad de guiar o atraer a los muertos al igual que las infusiones de hierbas.
Recordemos que en estos días se abren portales de energía a otras dimensiones y que por esta razón, entran espíritus que pueden ser benéficos, neutrales, en pena o maléficos. Por eso se recomienda también que se usen en la ofrenda plantas aromáticas como Santa María, Ruda, Romero, Salvia, Albahaca, Manzanilla, Epazote, Muicle, Hierbabuena, Pirul, Mirra, Tomillo y otras semejantes que nos ayudan a prevenir o eliminar bajas energías.

Seguiremos con este tema apasionante, donde iremos explorando y armando la red tan representativa, mágica y ¡CURATIVA! que es el Tlamanalli u ofrenda para los muertos.

Con información de Wikipedia y Roberto León Martínez.

*** Alda ***