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18 marzo 2015

No podrán callarlas

Pensar es una cualidad admirada pero con el doble filo entre lo correcto y la incomodidad que a algunos en las manos les estalla.

Si eres mujer y piensas y hablas y expresas... entonces eres aquella a la que hay que meter a la hoguera, la censurada, eres la que empieza dando comezón que se vuelve salpullido y después es una sarna incontrolada.  Eres la bruja, la sabia, la que razona, la que no se calla... esa a la que tantas veces hay que opacarla, que difamarla, porque te vuelves en este cuento la mala.
Y entonces es mal visto que eres una mujer con razonamientos y convicciones propias... porque "dicen" que debes ser la dulce, la callada, la clásica mujer abnegada.
Que tu lugar es estar sirviendo a los tuyos y a tu casa, dependiendo emocionalmente, psicológicamente y económicamente del hombre que te eligió como su dama.
No pienses, no protestes, no te enojes, no hables... si lo haces eres mala.
A esa es mejor ponerle una mordaza, y de paso uno que otro estereotipo que la condicione a mantenerse guapa, linda, boba, obediente y si se puede, delgada.
Está para servir a otros, ser objeto de deseo, adornar el aparador y callarse sus propios sueños.
Pero hay algunas que siguen moviendo el caldero, a pesar de opiniones retrógradas que se han enquistado a través del tiempo.
Son ellas a quienes respeto, a las que sus ideales, sus convicciones y su coherencia no agita ni el más terrible viento.
Las que expresan su amor, su pasión, su furia, enojo, impotencia y hasta sus miedos... desde un ordenador, desde un micrófono, un canto, la conversación de las doce, el trabajo diario o la palabra del tintero.
Brujas cotidianas que eligieron diversos medios para transformar su mundo en maravillas, dando pinceladas de cambio, de amor, de esperanza.
A esa nueva especie de brujas... no podrán callarlas.

*** Alda ***
16/03/2015

02 octubre 2013

No se olvida


Se siente desolación, silencio sepulcral y hay una estela de vapor gris que solo es visible si penetramos en otras dimensiones.
Tampoco es un lugar que pase desapercibido porque todas sus piedras tienen guardados recuerdos, recuerdos enmohecidos y tristes que no pueden callarse a pesar de que no haya otra persona en la zona.
Permanecer en la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, provoca sentimientos encontrados que difícilmente se perciben en otro lugar.
Otrora el tianguis más grande de Mesomérica, donde olía a cacao y a maíz, se convirtió después en un lugar marcado por maldiciones y tragedias, como la batalla de 1521 con aproximadamente 40,000 mexicas caídos en esa ocasión; el negro 2 de octubre de 1968 cuando la tragedia nuevamente se dio cita y hasta la fecha no se sabe con exactitud el número de desaparecidos; y recientemente la caída de los edificios el 19 de septiembre de 1985.
Tlatelolco es uno de los puntos de energía más importantes en el Valle de México, un lugar de fuerza que ha sido testigo de episodios que sobresalen como un parteaguas en la historia del país.

Enmudecidos, sin historia, sin identidad... inmersos ahora en generación de la vida "light", donde lo inmediato y desechable es más importante que tener el orgullo de pertenecer a una cultura brillante y guerrera. Ahora estamos en la cultura "light" donde el egoísmo predomina y los valores comunitarios son motivo de risa, donde ver al hermano ataviado en su traje regional nos da vergüenza, nos provoca lástima y atentamos contra su dignidad.

El corazón se detiene por un momento al estar de pie en la Plaza de las Tres Culturas, algo ocurre en este sitio porque se siente el aire pesado, algo fuera del promedio, no es una sensación agradable pero tampoco se puede olvidar.
Sin querer, una lágrima brota y escurre por la mejilla... sucede de manera natural, pareciera que los ancestros, que los caídos, los que han pasado sus capítulos en ese lugar, nos pusieran la mano en el pecho, nos transmitieran la fuerza del pasado a través de los pies y nos susurraran en la memoria:
"No nos olvides".

*** Alda ***